Esperanza Casteleiro: compuesta y sin poltrona en el CNI

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Casteleiro

Uno de los daños colaterales de la caída, por el momento –ya saben que bicho malo nunca muere–, del déspota Pedro Sánchez (a) el profanador y el okupa, ha sido Esperanza Casteleiro Llamazares; bien que también, claro, por ahora, quedando por ver qué pasa en Abril.

Esperanza Casteleiro tiene ahora 61 años, y ejerce como Directora del Gabinete de la actual ministro de Defensa, Margarita Robles, pues fue ella quien la nombró al asumir su cargo.  De dilatada carrera en el CESID/CNI, ha colado entre muchos, incluso entre periodistas avezados, cuyos nombres omitimos para no ruborizarles, como experta en Inteligencia, de  carrera sobresaliente y espectacular, y de eficacia y buen hacer acreditado. Pues bien, no es así.

Manglano

Esperanza ingresó en el CESID en 1983 cuando Manglano se apuntó al carro feminista. Hija de un coronel del Ejército del Aire, era licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación por la UCM –nada importante–; nido por entonces de marxistas recalcitrantes, ideología a la que Casteleiro se apuntó con entusiasmo, y de la que no ha renegado nunca; a pesar de los 100 millones de muertos a sus espaldas, muchos de ellos en la propia España, y de provocar siempre la miseria allá donde se ha implantado.

Al ingresar, qué casualidad, fue destinada a la División de Inteligencia Interior que por entonces mandaba el Gral. Santiago Bastos, en la cual, más que contra ETA, se perseguían supuestos «fascistas involucionistas», algo muy propio tras el reciente 23-F, afición que daba buenos rendimientos curriculares, a pesar de que las piezas «cazadas» eran más que artificiales y, en el mejor de los casos, no pasaban de burdos bocazas, pero al PSOE en el Gobierno y aplicando el rodillo, entonces, como aún hoy, siempre le ha interesado mantener dicha leyenda urbana para justificarse. Dada la afinidad ideológica entre Bastos y Casteleiro, en unos meses Esperanza se ocupó de la secretaría general de tal División, o sea, mano derecha del general, con acceso, por ello, a una visión de conjunto que le vino muy bien, además de la posibilidad de tratar con los niveles superiores del Centro, lo que le vino mejor.

Claro que como lo de cazar «fachas involucionistas» se vio con el tiempo que era un montaje, y que con ETA ya se había decidido negociar, pero sobre todo, ojo a este dato, que sus protectores socialistas había caído con el jefe, o sea, Felipe González, nada más entrar Aznar Casteleiro se agenció en 1997 un lugar en Brasil donde hacerse invisible, descansar y… cobrar, claro, faltaría más, porque por mucho que alardee de que se volcó en la lucha contra las redes de narcotraficantes, quien conoce el Centro, como quien sabe cómo se las gastan dichas redes, sabe que lo que hizo Esperanza fue solazarse unos añitos a la espera de una nueva oportunidad; y de paso enchufó a su esposísimo en un organismo internacional, primero para tenerlo ocupado no fuera que se cruzara por allí alguna chica de Ipanema con su balanceo camino del mar; también, claro, porque dos sueldazos son mejores que uno.

Jorge Dezcallar

Concluida su estancia de cuatro años en el extranjero, o sea, en la «terminal» de Brasil, regresó justo cuando Jorge Dezcallar se hacía cargo –primer civil– del CNI, el cual, con el despiste monumental que le caracterizaba, sumado a la estulticia de todo pepero, no tuvo otra ocurrencia mejor que nombrarla en 2002 directora de Recursos Humanos del Centro. Cargo gris, burocrático y anodino, pero que facilitó a Esperanza la posibilidad de obtener, de nuevo, sólo que ahora a lo bestia, una visión de conjunto de todo el CNI, o sea, de su personal de arriba, de en medio y de abajo, de sus tendencias, ambiciones, debilidades y muchas cosas más, así como repartir dádivas y prebendas, hacer favores y pasar por alto meteduras de pata; o sea, ganar amigos y saber dónde estaban los enemigos. El PP, y los peperos, siempre tan listos.

La estrepitosa caída de Aznar fue la oportunidad de Casteleiro, porque de nuevo los suyos volvían al poder y ella, siempre tan fiel al partido, no iba a ser olvidada, máxime cuando su currículum a pesar de no ser ni mucho menos nada del otro mundo, ni de éste, podía venderse bien, lo que sumado al hecho de ser mujer –hoy toda una referencia curricular en cualquier sitio–, la catapultó en 2004, o sea, nada más sentarse Rodríguez Zapatero en la poltrona de Moncloa, al cargo de Secretaria General del CNI, es decir, a numero dos del Centro. ¿Sus méritos? Pues ya los ven: su ideología; que en eso los socialistas nunca han cambiado, ni caen en los errores de sus adversarios políticos.

Saiz

De 2004 a 2008, es decir, durante la primera legislatura de Rodríguez, Casteleiro ejerció de número dos mientras el uno, o sea, el director, fue Alberto Saiz, todo un personaje, cuyos modos, usos y costumbres, escarceos, pasadas de pueblos, patinazos, broncas y mucho más, fue secundado por Esperanza que nunca ni dijo nada ni lo impidió; y es que, por un lado, el partido es el partido, y, por otro, la poltrona es la poltrona.

En 2008, cuando ya el CNI era un hervidero de enfrentamientos personales y profesionales, cuando se había convertido en una caja de grillos, cuando los cuchillos volaban por los pasillos, cuando aquello era una casa de locos y… locas, cuando el desmadre cundía, todo ello bajo la atenta y permisiva mirada de Esperanza, que nunca supo ni quiso hacer nada para evitarlo, demostrando su manifiesta incapacidad, ineptitud, falta de carisma y categoría humana y profesional, Casteleiro, viendo las orejas al lobo, se buscó, como ya había hecho antes, un apaño en… La Habana.

Porque su marcha a Cuba fue eso, un apaño. Nada de misión secreta, nada de gran apuesta de Rodríguez por facilitar a los «aperturistas» de aquel régimen tiránico y asesino una vía de acceso al poder, nada de estar preparados ante la enfermedad y vejez de Fidel, nada de «Operación Idus de Marzo», nada de tantas y tantas cosas como se han dicho, todas falsas, la marcha de Esperanza Casteleiro a Cuba fue una huida amañada por ella misma cuando el barco de Saiz hacia aguas, cuando el Gral. Cassinello, a pesar de su edad, arremetía contra él para proteger a su hijo al cual el director estaba vapuleando.

Casteleiro

Pero esta vez el «paraíso» socialista cubano se le envenenó a Casteleiro, ya que llegó en Otoño de 2008 y salió pitando con lo puesto en Mayo de 2009, apenas seis meses de playa y hotel, y hotel y playa, porque la mayor parte del tiempo las autoridades comunistas no la dejaron salir del él, porque estuvo siempre bajo directa, muy directa vigilancia, porque no podía ir ni al WC sin que le sacaran una foto, un video o un audio, o sea, sin poder menearse.

¿Y por qué? ¿Por ser «espía»? No, en absoluto, porque para llegar a La Habana los castristas le dieron el visto bueno en un principio –ya había otros agentes del CNI acreditados en la embajada española en Cuba donde nada espiaban–, sino porque llegó en mal momento y porque los cubanos, muy susceptibles ellos, a pesar de conocer la férrea fe marxista de Casteleiro estaban en medio de una lucha de poder tan brutal, que se saldó con la detención de un empresario cubano/española y la caída de los castristas aperturistas; pues buenos eran y son los Castros como para dejar que alguien les mueva el chiringuito que mantienen desde hace más de medio siglo y… marxistas, sí, pero patriotas a su modo, no como los de aquí que odia a España.

Esperanza y unos conocidos

Lo que pasó con Esperanza es que los cubanos recelaron de la llegada a La Habana, nada más y nada menos, que de la que había sido número dos del CNI, lo que nadie podía, ni pudo explicarles, porque nadie se puede creer que tan alto cargo se resigne a una ciudad, un país y una embajada tan mindundis después de haber sido lo que había sido. Así es que, a los seis meses, en medio de la tormenta política, y como daño colateral, Castro decidió largar con viento fresco a Esperanza y a los demás agentes españoles, o sea, cortar por lo sano, que a menos bulto, mayor claridad.

Tras el fiasco, desde 2009 hasta el 2014 Esperanza navegó en varios cometidos por el Centro cual «holandesa errante», «alma en pena» o «santa compaña», viendo peligrar su carrera, pero más aún sus ambiciones, que las tiene, vaya si las tiene de siempre; la principal es ser la directora, socialista, claro, del CNI.

Sanz Roldán

En 2014, cuando se crea el pomposo Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, en el cual están representados al mismo nivel tanto el CNI, como las FFAA, Policía, Guardia Civil, Vigilancia Aduanera e Instituciones Penitenciarias, presuntamente para lograr de una vez por todas la tan necesaria, como imposible, coordinación de todos contra tal amenaza, Sanz Rodán, que de tonto no tiene un pelo –aunque pasadísimo de rosca en el cargo–, le endilga a Esperanza el puesto de representar al CNI en dicho organismo, cargo poco activo, nada conflictivo y muy burocrático, quitándosela de en medio sin herir ni sus susceptibilidades, ni las del partido socialista, su mentor, ni las del PP, jugando así cartas a todas las bazas posibles, de ahí su supervivencia en el cargo.

Pero ante el espectáculo de Rajoy y el PP –no se puede ser más inútiles y mediocres–, de nuevo, con la llegada del PSOE a la poltrona monclovita, el partido  –siempre el partido–, acude a Esperanza, fiel hasta la muerte, y Margarita Robles, que esperaba ser vicepresidenta, le promete la dirección del CNI para lograr un pleno: Margarita, hacer historia al colocar a la primera mujer en dicho cargo; controlar el CNI para ponerlo al servicio del partido y de ella misma –todos tienen cadáveres ocultos o por ocultar– y hacerse fuerte en el Gobierno de cara a su siguiente paso: ser la primera mujer presidente del Gobierno de España en toda su historia y mandar, mandar, mandar, que es lo que le pone; Esperanza, claro, ser por fin directora del CNI y la primera mujer en ello, todo un alarde.

Sólo que la cosa se truncó cuando se metió por medio Carmen Calvo, y Sánchez incumplió su promesa, como todas la que hace, de ahí que a los pocos meses, y una vez Margarita demostró no estar infectada por el virus de la corrupción material –la moral no importa– y que manda, vaya si manda, en Defensa, Sánchez no se pudo negar a entregarle el CNI, del que, en la sombra, Esperanza es directora, no lo duden. Otra cosa es que eso no les vale ni a Margarita ni a ella, porque hay que restregarlo por las narices y eso sólo se consigue saliendo en la foto tomando posesión del cargo.

Así pues, y frente a la leyenda urbana, la propaganda marxista y la propia, Esperanza Casteleiro nunca ha demostrado sus habilidades como agente de inteligencia, ni espía, ni jefa; sólo su fidelidad al PSOE, a la ideología marxista y a la idea que tiene dicho partido de lo que debe ser el CNI: el servicio secreto del partido; eso sí, pagado por todos nosotros

Por lo demás, Esperanza se caracteriza, además de por lo muy poco agraciada físicamente –sin mencionar esa estética rancia, ajada, decimonónica y decadente que la identifica; bien que el libro de los gustos y mal gustos está en blanco–, por su apatía, falta de carisma personal, color gris, olor a naftalina y alcanfor, miedo a tomar decisiones, pánico a coger los teléfonos rojos cuando suenan, terror a asumir responsabilidades de verdad, aversión a dar la cara y horror a decidir, sobre todo en situaciones de emergencia.

Por eso, el cargo que ocupa en la actualidad, como jefa de Gabinete de Margarita Robles, aunque pomposo, realmente a lo que se dedica es a filtrarle a la ministro de Defensa la agenda y las entrevistas –¡qué gran responsabilidad!–; o sea, a lo que cualquier bedel, auxiliar administrativo o secretario hace; la diferencia es que ella cobra una pasta. Bueno, y también a esperar a que el partido la ponga donde siempre quiso, antes de que se le pase el arroz y tenga que jubilarse… ¿tal vez en Abril? Si Sánchez vuelve a la poltrona nada nos extrañaría.

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